
middlesex
expANDIDA
Middlesex es la segunda novela de escritor norteamericano Jeffrey Eugenides. Al inicio fue concebida como una pequeña autobiografía ficticia de una persona intersexual. Pero a medida que el autor fue desarrollando la novela, nuevos temas y contextos se fueron adhiriendo a la historia. Al inicio estos elementos parecen disimilares, pero se van enlazando a través del personaje principal, Calíope. Quien narra el viaje desde Asia Menor hasta Detroit, de una mutación genética que se alojaba en su familia sin hacer el menor ruido, pero que decide manifestarse en su existencia; convirtiendo su adolescencia en un estudio de caso científico.
Por esa variedad y contraste de elementos, escogí la introducción Middlesex como punto de partida para este ejercicio de intertextualidad. Donde se pretende expandir el universo de la novela a partir de enlaces que direccionan las referencias a nuevos medios y formatos.
LIBRO PRIMERO
LA CUCHARA
DE PLATA

Nací dos veces fui: niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit,en enero de 1960: y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petosky, Michigan, en agosto de 1974. Los lectores de publicaciones especializadas quizá se hayan topado conmigo en el artículo "Identidad sexual en los pseudohermafroditas con deficiencia de 5-alfa reductasa" del doctor Peter Luce, publicado en la Revista de Endocrinología Pediátrica en 1975. O puede que hayan visto mi fotografía en el capítulo dieciséis del ya tristemente anticuado Genética y herencia. Ahí salgo yo, en la página 578, desnudo, de pie junto a un indicador de estatura, con un rectángulo negro velándome los ojos.
En mi partida de nacimiento, mi nombre figura como Calíope Helen Stephanides. En mi último carné de conducir (de la República Federal de Alemania), mi nombre de pila es simplemente Cal. He sido guardameta de hockey sobre hierba, miembro durante mucho tiempo de la Fundación para Salvar al Manatí, esporádico asistente a la misa ortodoxa griega y durante la mayor parte de mi vida adulta, funcionario del Ministerio de Asunto Exteriores de Estados Unidos.
Como Tiresias, primero fui una cosa y luego otra. Fui ridiculizado por mis compañeros de clase, convertido en conejillo de indias por los médicos, palpado por especialistas, estudiado por March of Dimes. Una pelirroja de Grosse Point se enamoró de mí, sin saber lo que era. (También le gusté a su hermano.) Un carro blindado me condujo a una batalla urbana: una piscina me convirtió en mito; abandone mi cuerpo para tomar posesión de otros: y todo eso ocurrió antes de que cumpliera dieciséis años.
Pero ahora, que tengo cuarenta y uno, siento que se acerca otro nacimiento. Tras decenios de despreocupación, de pronto pienso en tíos abuelos fallecidos, en abuelos olvidados mucho tiempo atrás, en desconocidos primos de quinto grado, o bien, tratándose de una familia endogámica como la mía, en todo eso a la vez.
De manera que, antes de que sea demasiado tarde quiero ponerlo por escrito de una vez: ese viaje en montaña rusa de un solo gen a través del tiempo. ¡Háblame Musa, de la mutación recesiva ligada a mi quinto cromosoma! Háblame de cómo prosperó dos siglos y medio atrás en la falda del Monte Olimpo, mientras las cabras balaban y las aceitunas caían al suelo.
Háblame de cómo se transmitió a lo largo de nueve generaciones, invisible y agazapado en el contaminado seno de la familia Stephanides. Y háblame de cómo la Providencia, amparándose en una matanza, aventó de nuevo el gen; háblame de cómo lo lanzó cual semilla al otro lado del océano hasta América, donde empujado por el viento atravesó nuestras lluvias industriales hasta caer en el terreno fértil del vientre de mi madre, en plena región central del país.
Si a veces me pongo un poco homérico, lo siento. También es algo genético.